Él fue quien a base de confianza, cariño y mucha conversación transformó a un chico que iba a nadar sin ningún objetivo, por un nadador con metas altas. En la primera temporada nos colamos en varias finales del Campeonato de España, todo un éxito teniendo en cuenta que no había acudido nunca a un Nacional. Al año siguiente ya no nos conformábamos con las finales, así que luchamos por el podium pero un cuarto puesto a 3 céntimas del bronce fue lo que nos separó de la gloria. Esa fue la última competición que tuve a las órdenes de mi mentor, un excelente recuerdo.
Fueron dos años increibles con resultados impecables donde aprendí a: luchar con esfuerzo, marcarme metas, superar esas metas, creer en mí........... etc etc. Por todo esto, el pasado febrero le telefoneé para pedirle, por favor, si podía someterme a su disciplina para conseguir los retos que me había fijado este año. A día de hoy, la relación entrenador-nadador ha superado con creces mi primer gran reto.
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