Al haber practicado y, además, competido en natación desde bien pequeño, éste sector lo considero mi punto fuerte del triatlón. Todos mis compañeros me aconsejan que no me guarde nada y que si puedo aventajar 3 minutos, mejor que dos, o si son cuatro mejor que tres. Es aquí donde tengo que aprovechar mis virtudes. No en vano le dedico cuatro sesiones semanales de entrenamientos para no confiarme y descuidar mi estado óptimo para enfrentarme a los 3.800 metros del Ironman.
Para ello nado entre quince ó dieciséis mil a la semana planteados en cuatro días con objetivos bien claros y distintos. Un día lo dedico a series largas para trabajar el aeróbico que el Ironman no es otra cosa que una prueba de fondo y resistencia. Otra sesión, por ejemplo, va enfocada a lo contrario de la anterior que es lo anaeróbico con repeticiones de series con poco descanso para trabajar con fatiga. El siguiente día suelo hacer un trabajo más específico de piernas con aletas, palas y algo de estilos para variar del crol. En la última sesión no busco más allá que nadar sin más, pero sé que al final me caliento y termino estrujándome como un primo.
El orden de las sesiones semanales no es el mismo que el explicado anteriormente, así evito caer en la rutina.
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